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Canal de noticias de lugares naturistasEl “desnudo protesta” se repite Un grupo de modelos de Bellas Artes despedidos se desnudan, como hace siete días, para reclamar la readmisión. Un grupo de modelos de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra se han manifestado hoy ante la sede para protestar por su despido, desnudándose y posando para los estudiantes que los dibujaban al aire libre, tal como lo hacían hace apenas una semana en la Universidad de Vigo. Con lemas como “Cumplimiento del convenio” o “Ya no nos vamos a quedar ni quietos ni callados”, los siete trabajadores protestan porque la nueva contrata no ha respetado en convenio de 2010 que según los trabajadores les obligaba a mantenerlos en sus puestos. Los modelos -cuyo trabajo consiste en posar para que los estudiantes los dibujen- protestan también por lo que consideran un agravio comparativo con otras facultades en las que los modelos son trabajadores contratados directamente por las universidades y no a través de subcontratas. “Reivindicamos la readmisión porque nuestra situación económica es de indefensión total, no tenemos ningún tipo de ingreso, y plantearemos una demanda ante los tribunales contra la Universidade de Vigo por cesión ilegal de trabajadores”, ha declarado Roberto Carrera, portavoz de los afectados. Fuente: farodevigo.es Filed under: Noticias, Protestas Sat, 12 May 2012 09:17:15 +0000 Yo tomo el sol desnuda… ¿y tú? Se acerca el veranito, ya hay ganas de tumbarse al sol, liberarse de las chamarras, las botas, los paraguas,… y aligerar el vestuario: sandalias, camisetas, pantaloncitos cortos, bañadores,… ¿o sin estos últimos? ¿Eres de las personas que no quieren estorbos a la hora de tomar el sol? ¿Que no quieren marcas en su cuerpo? ¿Que quieren meterse al agua y salir de ésta sin tener que secar nada más que su cuerpo? ¿Sentir el rayo de sol acariciando todo tu cuerpo incluidos tus pechos y tus genitales? ¿Eres nudista? Aquí, en la zona, tenemos varias playas donde tomar el sol y bañarse desnudo: Larrabasterra, nuestra favorita, Meñakos, preciosa aunque un poco incómoda por las piedras (se soluciona llevando esterilla), Barrika, ¡auténtica!,…y algún que otro rincón de alguna que otra playita tolerante de nuestra bonita costa. Lo mejor de estas playas, además de poder estar en bolitas (que termino más machista, ¿aunque cuál usaríamos las chicas? ) es su tolerancia, podemos estar desnudos y a nuestro lado un chico con un bañador que casi le llegue al tobillo, o una chica en top less,… es estupendo, nos gustan más este tipo de playas, donde la tolerancia impera y el respeto por la libertad del otro se impone , que una playa donde todos tengamos que estar desnudos o vestidos, es que eso de “tener que” huele a autoridad, a imposición,… y ¡qué narices! cuando vamos a la playa estamos en nuestro tiempo de ocio, ¡fuera obligaciones e imposiciones! Es curioso, pero sentimos que en los últimos años, se está retrocediendo en este sentido, os ponemos un ejemplo que hemos vivido esta Semana Santa, estando en un hotel, no vamos a decir dónde ni en cuál, por respeto: tomando el sol en top less en la piscina se nos acerca una señora inglesa, con una jarra de cerveza enorme en una de sus manos, y nos dice, en inglés y de muy malas maneras, que hay niños y que estamos enseñando las tetas, nosotras respetuosas con las normas, estábamos en top less, no desnudas, como nos apetecía estar, molestas porque nos llamasen la atención y nos pusieran en evidencia sin ningún motivo, le replicamos a la señora: hay niños delante y usted está bebiendo alcohol a diestro y siniestro con un cigarro tras otro en su mano. ¿Quién, con estos actos, hace más daño a esos “tiernos infantes”? Otro ejemplo: en las piscinas descubiertas, de nuestro barrio, el verano pasado, el socorrista nos llamó la atención por ir a bañarnos en top less, tomar el sol está permitido, bañarse no,…. ¿pero qué es esto ?¿dónde está escrita esa norma? ¿Doble moral? ¡Moral absurda! Y además: ¿Por qué una mujer no puede enseñar los pechos y ellos si? A nosotras nos ponen más los de ellos que los de ellas, no sé, ¿las chicas podemos excitarnos y disfrutar viendo los pechos de ellos y ellos se privan de ver los nuestros? ¿ qué hay detrás de esto? Daros la respuesta, no es muy difícil. El cuerpo de la mujer es una tentación, ha de ocultarse ( burka,…) ¡porque incita al pecado! Vaya imagen os ponen chicos, ¡revelaros! A los nudistas muchas veces se nos acusa de exhibicionistas, nada más alejado de la realidad, ¿no es cierto acaso que es más provocador y excitante la insinuación que la muestra explícita? Vivimos sin vergüenza nuestro cuerpo, sea más o menos bonito, no nos sentimos desnudos cuando lo estamos, no posamos, simplemente rompemos con la maldición de Adán y Eva, de sentirse desnudos en El Paraíso ¿quizás es que no comemos manzanas? o ¿quizás es que siempre las hemos comido sin que nadie nos tentase, era algo natural el comerla y por tanto no hay pecado en la acción? Reivindiquemos nuestro cuerpo, reivindiquemos nuestra libertad y si todo esto falla reivindiquemos tolerancia. ¡Nos vemos en la playa! Fuente: elcorreo.com Información complementaria: LN de Costa y LN de Interior. Filed under: Lugares, Opinión, Playas Sat, 12 May 2012 08:40:25 +0000 Intercambios extremos, en la segunda temporada de ‘Me cambio de familia’ en Cuatro En esta nueva etapa, los intercambios serán más complejos por las mayores diferencias culturales, ideológicas y de costumbres que presentan sus protagonistas. Los espectadores descubrirán la vida de una comunidad nudista, asistirán a un campeonato de culturismo y vivirán en enfrentamiento entre el nacionalismo y la homosexualidad entre otras situaciones. Pero, aunque la familia tendrá un papel importante, las verdaderas protagonistas serán las mujeres, ya que tendrán que someterse a un complicado desafío: intercambiar sus roles en sus respectivos hogares para adaptarse a las normas y rutinas que siguen los habitantes de otra casa desconocida durante los primeros siete días y poner en práctica sus valores y costumbres en un entorno familiar totalmente opuesto al suyo durante la segunda semana. Todas cuentan con un denominador común, tienen un fuerte carácter. En la primera entrega que se emitirá mañana viernes día 4 de Mayo en Cuatro, Patricia y Pilar: Una carnicera vegetariana y amante de la caza frente a una naturista vegetariana. Pertenecen a núcleos familiares donde se comparte una misma filosofía, valores y modo de vida: Patricia, casada con un carnicero y amante de la caza, es una mujer que le gusta cuidar su imagen y procura que a los suyos no les falte de nada. En el otro extremo está Pilar, vegetariana, que vive con su familia en un pueblo nudista sin electrodomésticos ni ningún tipo de comodidades. Ambas mujeres intercambiarán sus vidas en el ‘estreno de la segunda temporada en Cuatro de ‘Me cambio de familia’ el próximo viernes 4 de mayo en prime time. No tienen prácticamente nada en común. Patricia es una mujer moderna que le gusta cuidar su aspecto físico y cuya prioridad es la comodidad de su familia. Pilar, en cambio, vive con su familia en un pueblo nudista al margen de la civilización y la tecnología. Patricia pertenece a la familia Moral. Son carniceros, residen en Málaga y su marido, Fernando, es cazador y aficionado a los toros. Su papel como madre es cuidar que a los suyos no les falte de nada. A sus hijos les encanta la tecnología: tienen videojuegos, televisores en cada habitación y ordenadores. En Lleida vive Pilar y su familia, los Muñío. En casa no utilizan ropa, son vegetarianos, ecologistas y viven sin electrodomésticos ni comodidades. Están totalmente en contra del maltrato animal y de la contaminación que sufre el planeta. Su hija de cuatro años no tiene juguetes y sus amigos son los animales de la pequeña granja que hay en el pueblo. El programa lideró entre los jóvenes de 13 a 34 años en su primera temporada en Cuatro En su primera temporada en la cadena, ‘Me cambio de familia’ fue líder absoluto en su franja de emisión entre los jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 24 (14,8%) y entre 25 y 34 años (14,7%). Además, acumuló una media del 7,6% de share y 1.111.000 espectadores superando, en más de 2 puntos a La Sexta (5,5% y 804.000 espectadores) en su franja de emisión y ampliando su ventaja en el target comercial (10,3% vs. 6,5%). Por Comunidades Autónomas, registró un seguimiento destacado en Canarias (10,8%), Euskadi (10%), Resto (9,1%), Asturias (8,6%) y Andalucía (8,2%). Fuente: cuatro.com Filed under: Curiosidades, Opinión, Varios Thu, 03 May 2012 18:39:07 +0000 Se produce un cambio radical de percepción cuando empezamos a pensar en el individuo representado en una obra de arte como alguien desnudo, situado de algún modo en un plano ideal, sino desvestido: es decir, que se ha quitado la ropa. Hasta la intervención de la fotografía los artistas no tuvieron que enfrentarse a diario a semejante dilema. El enriquecimiento del mundo del arte habido en el periodo helenístico, y en especial el gusto por el nuevo realismo, conllevó la representación de tipos físicos de ambos polos del espectro de edad, los ancianos y los niños de corta edad pasaron a formar parte del repertorio del artista. Para el público, sin embargo, la imagen de la decrepitud tenía connotaciones de pobreza y miseria que no veía necesariamente con buenos ojos. Un ejemplo pertinente es la estatua que representa a un viejo pescador -tema muy popular entre los griegos helenísticos y los romanos, a juzgar por el número de copias existentes- que más tarde, gracias a la imaginación de los eruditos del Renacimiento, se convirtió en retrato del poeta y filósofo Séneca (c. 4 a.C.-65 d.C.) suicidándose por orden del emperador Nerón. La fidelidad con que se ha tratado la carne flácida y arrugada del sujeto, desechando todo pretexto de idealización, nos hace plenamente conscientes de su desnudez. El cristianismo, aplicando su compasiva doctrina, transformó este tipo de retratos fríamente objetivos en algo que inspirase empatía en el espectador: san Jerónimo rezando y ayunando en el desierto de Calcis, o Job sobrellevando con paciencia sus aflicciones. La invención de la fotografía recondujo el arte hacia el realismo, influyendo drásticamente en las actitudes sociales sobre el tema del desnudo. La objetividad de la lente parecía incuestionable; al enfocar el cuerpo humano, reflejaba implacablemente hasta qué punto se apartaba de esas proporciones ideales que las academias artísticas se esforzaban en inculcar a sus discípulos. Además ponía de relieve que el sujeto retratado era un transgresor del precepto del pudor, pues se había despojado de la ropa a la vista de otro individuo. Es decir, ya no cabía la pretensión de que se tratara de un acontecimiento imaginativo, sólo ocurrido en la mente del artista; los efectos de la luz sobre la emulsión fotográfica eran una prueba palpable de que había tenido lugar. Se podría suponer que el hecho de que una mujer se desvistiera ante un hombre (aun cuando desde el principio muchas mujeres se dedicaron a al profesión, se daba por sentado que el fotógrafo pertenecía al género masculino) sería mucho más escandaloso si se tratara de dos varones, modelo y artista; pero lo cierto, y por más de una razón, es que no ocurría así. Los focos de interés sexual del cuerpo de la mujer son los pechos y la vagina, su parte más privada y recóndita. Los primeros se habían representado en el arte con tanta frecuencia, y expuesto tan ostensiblemente por los dictados de la moda, que en el segundo cuarto del siglo XIX ya habían perdido buena parte de su capacidad de escandalizar. En cuanto a la vulva, no es precisamente la parte más ostensible de la anatomía femenina, con un mínimo de retoques, el fotógrafo podía eliminar incluso el vello púbico sin que el efecto de conjunto resultara irritantemente incompleto. Los genitales, el centro de atención sexual en el cuerpo del varón, eran un caso enteramente distinto. El arte occidental nunca había llegado a una convención satisfactoria sobre el modo de tratarlos, ni siquiera en los momentos de apogeo del impulso idealizador. Los griegos optaron por reducir su tamaño con relación al cuerpo, salvo en unas pocas representaciones eróticas. En cuanto al arte cristiano, hasta la llegada del Renacimiento era casi imposible representar los genitales masculinos, e incluso después se siguió procurando camuflarlos con telas o convencionales hojas de parra estratégicamente situadas. Es de destacar que, a la hora de realizar bocetos de desnudos frontales en la intimidad de su estudio, los artistas académicos solían dejar desdibujado o sin hacer este detalle en particular. Aún cuando los fotógrafos adoptaran algunas de estas púdicas estrategias envolviendo al modelo con un pañuelo o echarpe, o colocándolo en posturas en las que el pene y los testículos quedaran ocultos por las piernas, la propia naturaleza del proceso tendía a causar un efecto contraproducente: el objeto fotográfico conservaba toda su carnalidad, en el más crudo y prosaico sentido de la palabra. Las poses ingenuas sólo resaltaban el hecho de que se pretendía ocultar algo, en lugar de conseguir que pasara desapercibido. Y en el caso contrario, cuando el fotógrafo realizaba un desnudo integral, el aparato genital -aunque no estuviera en erección- cobraba un protagonismo desproporcionado: tanto su tamaño como la implacable objetividad de la cámara la convertían en el epicentro de la imagen. Además, el hecho de que un varón fotografiara a otro inspiraba un rechazo peculiar. Muy pronto primó en este campo el contexto sexual; las fotos de hombres sin ropa inspiraban la sospecha de que había de por medio sentimientos homosexuales. Incluso las series de Muybridge sobre atletas desnudos en acción parecen encerrar una carga erótica ausente en otras fotografías suyas muy similares de mujeres, aun cuando es este último caso el autor estuviera a todas luces muy lejos de albergar intenciones de este tipo. El aura sexual que envuelve a los luchadores retratados por Muybridge fue el motivo de que fascinaran tanto al pintor Francis Bacon (1909-1992). Así pues, una consecuencia del triunfo de la fotografía fue que cada vez resultó más difícil representar hombres sin ropa de un modo puramente objetivo. Si nos detenemos a observar la larga serie de desnudos académicos producidos por los alumnos de la Ecole des Beaux-Arts de París que asistieron durante la década de 1880 a un curso dedicado al examen minucioso del cuerpo humano, de inmediato advertimos que esos dibujos y pinturas van haciéndose cada vez más personales. De la mano de los estudiantes de más talento surgieron vigorosos retratos de los modelos de que disponían: en su mayor parte soldados, obreros y vagabundos, junto con algunos italianos que posaban profesionalmente. Pero este avance quedó hasta cierto punto en la sombra porque pocos de esos alumnos albergaban el menor deseo de seguir dedicándose al desnudo masculino después de graduarse; por el contrario, se lanzaban a pintar lo que era aceptado y lucrativo: retratos y escenas de género en las que las figuras, por supuesto, estaban vestidas, así como esa clase de desnudos femeninos edulcorados, sólo discretamente eróticos, que gozaban del favor de los salones oficiales. Entretanto, la imagen popular del artista -como la difundida por libros del tipo de Scénes de la Vie de Bohéme, de Henri Murger, publicado por entregas entre 1847 y 1849- correspondía a un joven despreocupado y dotado de un saludable apetito sexual que se acostaba alegremente con su modelo o modelos femeninas, pero que nunca dedicaba un pensamiento a los varones, si es que los utilizaba. La naturaleza de la fotografía -la supuesta objetividad de la cámara para captar y registrar el mundo visible- la hacía idónea para una labor, la descripción del “otro”, que empezó a cobrar relevancia tanto por el desarrollo del método científico como por el impulso hacia la exploración geográfica, aspectos ambos de crucial importancia a mediados y fines del siglo XIX. El “otro”, a este respecto, puede definirse como la persona que uno no es y nunca será. El miembro de una tribu de los bosques de Nueva Guinea, o de la selva amazónica o africana, cae dentro de esta categoría, pero también las diversas anomalías y deformidades de la naturaleza. Los sociólogos del siglo XX han argüido que la conciencia de la existencia de ese “otro” ejerce un efecto crucial en la forma en que los seres humanos definimos lo que nos es propio y ajeno. El énfasis, en este caso, se pone en el hecho de entablar relaciones con otras entidades y en el cambio que produce ese contacto. Sin embargo, hay otra situación -casi reflejo especular de la anterior- en que los seres humanos definen su relación con un grupo particular o, por precisar más, con una norma en particular, examinando lo que parece quedar totalmente fuera de los parámetros de la misma. En esencia, esto es lo que hacían los antiguos griegos cuando se comparaban con los pueblos a los que consideraban bárbaros. Como ya hemos visto, una de las principales diferencias que establecían era la actitud hacia la desnudez masculina. Sin embargo, no hay que buscar mucho en el arte heleno para encontrar representaciones de la “alteridad” humana en el sentido en el que estoy empleando el término; en concreto, las imágenes de pigmeos y negros que aparecen en el arte de la Grecia del siglo V, sobre todo en la pintura vascular. Resulta interesante que aparentemente heredaran algunas de estas actitudes de los antiguos egipcios, como puede comprobarse en las paredes del templo funerario de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahri, donde se representa una expedición naval al Punt, la costa africana del extremo meridional del mar Rojo. Entre los personajes destaca la esteatopígica reina de los pigmeos que habitaban la región. Los negros del Sudán figuraban entre los cuatro tradicionales “enemigos de Egipto”; a veces aparecen representados atados y desvalidos en el mobiliario de los faraones. Una de las consecuencias de la fusión del arte griego con el egipcio tardío bajo el reinado de los Tolomeos fue la abundante producción de figurillas grotescas, a menudo deformes y con falos groseramente agrandados. Parece que se las consideraba talismanes de la buena suerte, tal vez simplemente por el contraste que ofrecían respecto al común de la gente, más afortunada. Otra especialidad del arte helenístico de Alejandría fueron las estatuillas de bronce de jóvenes negros, en este caso retratados con benevolencia. No obstante, siempre quedaba claro que se trataba de criados o mendigos; en el primer caso, también eran con toda probabilidad esclavos. Tal vez sea innecesario enfatizar la diferencia entre el hombre libre y el esclavo en el mundo antiguo. Difícilmente se podría hallar un ejemplo mejor para ilustrar este contexto de la “alteridad” al que me he referido. En la Edad Media, el concepto europeo de “alteridad” se orientaba sobre todo al mundo islámico. En el siglo XVI cobró nueva fuerza por la conquista española de los imperios azteca e inca; y, posteriormente, por el encuentro de Norteamérica entre los europeos y las tribus nómadas indígenas, las expediciones del capitán Cook a los mares del Sur y acontecimientos como la embajada de lord Macartney en China (1792). Luego experimentó un florecimiento nuevo y más pleno en las despiadadas actitudes científicas del siglo XIX, ejemplificadas por los estudios de Muybridge de un niño tullido y por las fotografías de Nadar de hermafroditas. No obstante es la fotografía, antes que las demás artes, la que continúa explorando este campo. Es interesante señalar que los fotógrafos que buscan el alineado -al “otro”- tienden a escoger modelos masculinos, no femeninos. Esto no se cumple necesariamente en Diane Arbus (1923-1971), pero si en sus sucesores Robert Mapplethorpe (1946-1989), y George Dureau (n. 1930). Quizá el motivo sea que los temas masculinos les permiten reunir en una misma escena imágenes de poder con otras iguales, pero opuestas, de impotencia. Mapplethorpe forjó su reputación gracias a una serie de sorprendentes retratos de la comunidad sadomasoquista masculina americana, y la consolidó con estudios fríamente impersonales de negros; el racismo latente de estos últimos raramente ha sido analizado. Dureau también fotografía a negros, generalemente desnudos y con frecuencia lisiados o mutilados. También ha captado con su cámara hombres blancos con amputaciones y enanos o “gente menuda”. Estas imágenes están al borde de la actual frontera de lo aceptable, pero son extraordinarias en cuanto que acentúan el abismo entre el espectador y el individuo retratado, y también porque tienden un puente de comprensión entre ambos. Dureau no idealiza el cuerpo humano, pero se podría decir que por medio de esos cuerpos masculinos tullidos y enanos idealiza la condición humana. Fuente: Libro: Adán – La figura masculina en el arte (fragmento). Ediciones Centralibros S.A. 1998. Autor: Edward Lucie-Smith. Filed under: Arte, Documentos, Libros Wed, 02 May 2012 23:25:56 +0000 Necesidad de la experiencia personal El viejo Séneca decía que había cosas que para saberlas no basta haberlas aprendido, y Shakespeare viene a insistir en este punto, como fundamental que es, porque nuestra civilización intelectualista y objetivista opone aún frecuentemente el conocimiento a la acción, como mutuamente exclusivas, siendo así que solo la praxis “verifica”, realiza, más aún, informa (da vida) a la teoría, que sin ella es, contra toda la teoría tradicional, una verdadera “alma muerta” (en sentido extragogoliano). Y esto es particularmente importante en el campo de los sentimientos, del amor y del sexo, en donde las mejores descripciones son, para quien no las experimenta, como la luz para un ciego: de modo que cuando por casualidad después llega a sentir lo que antes oyó descubrir e imaginó, comprende que todo el esfuerzo de comprensión anterior fue inútil, engañoso incluso, opiante a veces, respecto a la realidad que así esperaba comprender. De ahí también que toda teoría que pretenda “comprender” plenamente la experiencia, y no conducir a ella, todo libro que pretenda sustituir a la experiencia, peca de lesa humanidad. La eficacia real de los libros -según intuyera Gide- es, como la de toda institución e instrumento, hacerse rápidamente inútil, gracias a su misma eficacia. Se comprenderá pues el carácter alineado, idealista, de los hombres que no saben vivir sino apegados y a través de un (y a priori único libro). “Hay que temer al hombre de un solo libro”, como decían los antiguos, pero por las barbaridades que es capaz de cometer basándose en él, o en su exégesis, que es lo mismo. Concretamente en nuestro caso, de muy poco nos sirvió haber estudiado obstinadamente (con la aplicación del idealista) este problema -que no encajaba en nuestros añejos esquemas mentales- ni incluso el haber visto films nudistas; estas cosas sólo pudieron servir, y sirvieron, como dirían los teólogos entre quienes entonces nos encontrábamos, como preambula fidei, como modos de asegurarnos de la racionabilidad del acto de asistir realmente a un campo naturista, al menos para investigarlo desde dentro. Pero después hizo falta, según esta misma terminología teológica, el acto libre, cualitativamente distinto, pero único realmente “salvífico”, de realizar esa posibilidad. Y esta experiencia concreta de la diferencia enorme entre el conocer y el experimentar fue quizás la primera semilla que fructificara después en nuestro abandono del estéril idealismo filosófico que entonces profesábamos, concomitantemente con el hecho de habernos servido para comprender realmente el fenómeno del nudismo y desmistificar a partir de ahí más fácilmente la alineación sexual de los que se llaman (y de los que son, sin llamarse así, o aun abominando de ese nombre) idealistas. No debe creerse por ello que nuestra experiencia sea en modo alguno singular: aunque más elaborada que otras por nuestra preparación (e impreparación, inmadurez) anterior, es con todo la experiencia común, pero no banal, sino por el contrario, muy importante, de prácticamente todos cuantos visitan por primera vez un campo naturista en forma participante; y, desde ese punto de vista, tal visita constituye, en relación a su costo en tiempo y otros factores, una de las experiencias humanas más enriquecedoras para el “civilizado medio” occidental. Hemos subrayado el “en forma participante” para insistir en su condición de experiencia, y no para indicar una de las modalidades de realizar dichas visitas, puesto que precisamente la conveniencia de la participación personal para la comprensión es tan grande y experimentada por los mismos naturistas, que en general no se permite la visita a dichos campos a quienes no estén dispuestos a participar en la desnudez general, quedándose en situación objetiva, extrínseca y, por tanto, in-comprensiva; puesto que su misma presencia vestida (en cuanto implica negativa a desvestirse, ya que los mismos desnudistas habituales se ponen a veces algunas prendas de vestir de un tipo u otro contra el excesivo sol, viento, etc.) desvirtúa “las condiciones de la experiencia”, creando una diferencia de presión síquica, especialmente en el campo sexual -que es el que motiva fundamentalmente tal negativa a desvestirse- que provoca un desequilibrio, desorden, inmoralidad sexual; no por parte de los desnudos, téngase en cuenta, sino de los vestidos, que aparecen como ostentándolos ante los demás, con el fuerte atractivo sexual que esto implica, y sobre todo, porque el hecho de considerar indecente el desnudarse, implícito en su actitud, muestra claramente que, aunque quizá “tolere” y no juzgue indecentes a quienes lo están haciendo ante sus ojos, sin duda e inevitablemente los interpreta sexualmente para si mismo, de un modo que ellos no quieren ser interpretados, y así, en definitiva, fuerza y viola la personalidad y dignidad de los desnudistas. ¿Cabe más clara inmoralidad?. El que este proceso sea complejo y permanezca generalmente subconsciente excepto en sus últimos efectos no obsta naturalmente en lo más mínimo para su realidad. Como ejemplos en este sentido baste citar uno reciente: el del parque público vienés reservado a quienes querían practicar el desnudismo, por el que pasaban vigilantes con misión de hacer desnudar a quienes encontraran vestidos; y otro antiguo, de alguien tan poco sospechoso al respecto como San Juan Crisóstomo, quien, con su boca de oro (metafórica, pues aún no había empastes) ya sermoneaba a sus fieles contra los peligros del infierno acuático de las termas: “Tal es en verdad la insidia del diablo, que suele ahogar con su voluptuosidad no tanto a los que descienden a nadar con las sirenas desnudas, sino más bien a los que están sentados arriba mirándolo todo” (sic). La práctica espartana en el gimnasio no era diferente, existiendo el principio, según Platón, “desnúdate y ejercítate con todos, o vete”, sin admitirse pues los mirones. Pero a los que participan, por el contrario, el carácter erótico del desnudo desaparece, no ya “al cuarto de hora”, sino que desaparece inmediatamente. Las experiencias en este sentido son, repitámoslo, prácticamente unánimes, siendo las pocas excepciones que se encuentran atribuibles a las malas condiciones en que ellas se realizaron (como, según nos cuenta Brunet, el empezar a practicar el desnudismo en pequeños grupos de a dos o tres personas, con miembro o miembros del sexo opuesto muy atractivos). Sólo así, por parejas aisladas, podría tener razón lo que Ribot dice de memoria o, mejor dicho, de imaginación. Poned 10 hombres y 10 mujeres desnudos y nueve meses después tendréis 10 niños. Claro que el extremo “individualismo” de Vallejo Nájera también se sale de la cuestión: “Practicad individualmente -dice- las ideas que propagan los desnudistas, nada puede oponérseles nunca desde el punto de vista higiénico, y menos desde el moral”. Nunca los desnudistas han propuesto ese individualismo, luego no son ideas suyas… Insistimos nosotros en que el neo-desnudista se siente inmediatamente como sumergido en una nueva atmósfera, como en un baño. Así lo nota Royer, en acertada comparación, explicando también en parte el porqué de esa sensación: “¿Es quizás la alegría que se siente al satisfacer de nuevo un instinto perdido hace siglos? ¿Es, más simplemente, la satisfacción de experimentar, y esta vez sobre todo el cuerpo, esa caricia del sol y del aire que no sentimos sino en la cara y las manos y que, aun siendo así tan pequeña, es netamente perceptible?” Algunos desnudistas describen esa estimulación como “celestial”, “perfectamente deliciosa”, “como respirando felicidad” (Frügel). El mismo Aristóteles, ya sea por sentir su encanto, ya para distraer del placer genital, “de bestias”, considera “superior” ese goce en su Ética. Desde el punto de vista erótico le resultan pues instantáneamente ridículas las prevenciones que al respecto se había quizá formulado, como observa por ejemplo Margaret Sanger; prevenciones que proviene a veces del miedo a la excitación sexual, que en el hombre podría llevar fácilmente en ese caso a que se le señalara con el dedo. Esta objeción parece en efecto definitiva a los idealistas, es decir, a los que se contentan con “imaginar” las cosas y creer que pasarán después como se las imaginaron (algo así como conciben “actúa” el pensamiento divino). De ahí que un doctor católico, Charles Combaluzier, aun reconociendo que “la desnudez total es menos excitante que la parcial” y que “con un poco de entrenamiento puede no engendrar ningún movimiento sexual”, no se atreve con todo a pasar al desnudismo por miedo a ese “periodo intermedio” que imagina existe, esa transitoria, diríamos nosotros, “dictadura del instinto”, que, para utilizar sus inefables palabras, no podría disimularse por causa de “la erección, esa situación inadmisible”. Pero en realidad, incluso en las sesiones de la Liga por Libertad Sexual, la erección no se suele dar sino en el momento del acto (Lind). Al otro extremo del idealismo -los extremos se tocan, si se nos permite emplear tan venerable expresión en este contexto- ya Nietzsche escribía: “Lo que no se sabe disimular provoca indignación: de ahí por que hay que temer la desnudez: Ah, si fuerais dioses, podríais avergonzaros de vuestros vestidos”. Aunque, a decir verdad, es mismo Nietzsche reconoce repetidamente su poca experiencia en este campo sexual, e incluso se extraña ingenuamente de “acertar” sin conocer… Más científico, el Dr H.C. Warren, en la Psychological Review de marzo de 1932, reconoce que aunque anteriormente le parecía una objeción relevante la posible erección masculina, como “reflejo incontenible” posteriormente, tras su experiencia “campesina” en varios lugares, hubo de constatar “que el más notable fenómeno en la vida de un parque nudista es que este tabú desaparece casi al momento, y sin ningún efecto dañino para la propia moral o visión del mundo. Se comprende rápidamente que el cuerpo humano no es indecente”. Quienes deseen más testimonios sobre el efecto anti-estimulante, desde el punto de vista sexual, del desnudo observado en esas condiciones, puede recurrir, a más de a toda la literatura desnudista, a recopilaciones al efecto de autores no engagés como Summer o Lagner, amén de los que ya vimos sobre las “colonias”, para quienes no consideren que se trata de razas inferiores e insensibles, por viriles, cuyo testimonio consiguientemente no cuenta. A nosotros nos parecería superfluo seguir insistiendo en ello; más aún, contrario al espíritu científico de nuestra época, en la que estamos aprendiendo -más dificultosamente, por múltiples causas, en ciencias sociales- a no guiarnos ya por “autoridades”, sino por experiencias. En este caso las condiciones de la experiencia no sólo han sido descritas minuciosamente por nosotros, explicando sus efectos eróticamente anti-excitantes, sino que, rara fortuna en esta área, existen múltiples “laboratorios sociales” en donde tal experiencia puede ser fácil y últimamente repetida, no pudiéndosenos pues exigir razonablemente más. No hace falta ir como aquella periodista europea al Sudán para encontrar perfectos gentlemen que le dan la mano y hablen perfecto inglés “a pesar de ir totalmente desnudos”, “la experiencia más fuerte de mi vida” (que podía haber realizado sin necesidad de pasaporte), ni tampoco volver de “países coloniales” para decir como la señora Bishop que “ahora sé que se puede estar desnuda y comportarse como una lady” (Summer). Fuente: Libro: El des-cubrimiento del hombre (fragmento). Ediciones Ruedo Ibérico 1973. Autor: Martín Sagrera. Filed under: Documentos, Libros Sat, 21 Apr 2012 00:22:47 +0000 Apartamento situado muy cerca del Playazo de Vera, Almería, en el centro de la Urbanización Torremar Natura. Urbanización nudista (FKK) privada con conserje, situada a 200 m de la playa El Playazo de Vera, terminada en el año 2004. Dispone de amplias zonas ajardinadas, calles peatonales, aparcamientos techados privados dentro de la urbanización, tres piscinas: verano, climatizada cubierta para invierno, ambas con jakuzzi, e infantil (nudismo obligatorio en las piscinas), parque infantil, mini-golf, pista de petanca, pequeños jardines en los apartamentos de planta baja, etc. Apartamento de planta baja, situado en el centro de la Urbanización Nudista “Torremar Natura”, muy próximo al recinto de las piscinas, de un dormitorio, con una superficie construida de 42 m2, teniendo además un porche cubierto de acceso 5,65 m2, una terraza descubierta de 16,35 m2 con toldo, tendedero descubierto de 6,75 m2 y jardín con riego automático de 23,15 m2. además de plaza de parking cubierta numerada, y cuarto trastero independiente de 6 m2. Completamente amueblado, salón, dormitorio, baño y cocina con electrodomésticos (frigorífico, placa vitrocerámica, horno, microondas, lavadora), incluso vajilla y cristaleria, cortinas, lámparas y elementos decorativos diversos… EN VENTA. Ver planos, y galería fotográfica de la urbanización y el apartamento:
Más información: telf. 616 208 329 – E-mail: textal@gmail.com Filed under: Lugares, Playas, Varios Thu, 19 Apr 2012 23:45:23 +0000 Por lo general, los museos son lugares en los que mantener unas formas: no hacer ruido, no correr, no hacer fotos, no comer, no tocar,…pero, ¿qué hay sobre la desnudez? En el Museo de Sydney de Arte Contemporáneo han llevado a cabo una propuesta curiosa cuanto menos: Stuart Ringholt ha invitado a los visitantes a descubrir su nueva exposición desnudos… Un museo y el “desnudo artístico” Del 27 al 29 de abril, los visitantes del Museo de Arte Contemporáneo de Sydney deberán despojarse de todas y cada una de sus ropas, al menos si están pensando en visitar la exposición de Stuart Ringholt. Para hacer la cosa aún más interesante, el propio Stuart estará allí, desnudo, pidiendo a los visitantes que sigan su ejemplo. El trabajo del artista de Melbourne gira entorno a sentimientos como son el miedo y la vergüenza, con lo que la idea está acorde con la base. Ringholt es conocido, siendo suaves, por sus excentricidades para que la gente se comprometa y vínculo con el mundo del arte. En una ocasión apareció con tiras de papel higiénico colgando de sus pantalones mientras deambulada de un lado a otro de la galería con una mirada realmente emocionada en su rostro. Con este nuevo “cuerpo de trabajo” aspira a derribar todas las barreras entre el artista, su arte y los espectadores de sus obras. En este caso, parece que cualquier barrera entre el espectador y su obra debe ser totalmente derribada para que funcione correctamente. Despojados El programa de la exposición es muy claro y directo sobre lo que Stuart Ringholt quiere que suceda: el creador aparece desuno al principio de la exposición, de 6 a 8 p.m. Aquellos que deseen unirse a la ruta por sus obras de arte deben hacer lo propio, como es de esperar solo se admiten adultos. Pero la pregunta es la siguiente, ¿está el mundo del arte de Sydney preparado para este tipo de exposiciones desnudas? Según Rachel Kent, una de las organizadoras del evento, sostiene de forma rotunda que sí. Según sus palabras al Wall Street Journal, “Sydney ama a las personas desnudas”. Parece que todos los requisitos para llevar a cabo este espectáculo se han dado en la medida necesaria… Todo está preparado, hay incluso un pequeño vestidor cerca de la entrada a la exposición, el lugar en el que los visitantes deben dejar sus “máscaras”. Tras organizar actos similares en el Museo de Arte Antiguo y Moderno de Tasmania y en el Museo de Arte Contemporáneo de Melbourne, el nuevo evento se está llevando a cabo sin problemas y de hecho a demostrado ser muy popular… Pero, ¿y vosotros? ¿Os uniríais a una exposición como esta de Stuart Ringholt? ¿Creéis que este tipo de eventos funcionaría en España? Fuente: El blog del viajero Filed under: Arte, Curiosidades, Eventos Mon, 16 Apr 2012 23:39:54 +0000 ‘Naked before the camera’ cuenta la historia del desnudo fotográfico. El desnudo es tan viejo como el arte y su irrupción en la fotografía no se hizo esperar. Primero en la Francia libertina del siglo XIX y luego en algunos artistas de la Inglaterra victoriana, siempre dispuestos a esquivar a los censores con la excusa de los estudios antropológicos o las clases de anatomía. El Metropolitan neoyorquino indaga esta primavera en los orígenes del desnudo fotográfico en la exposición ‘Naked before the camera‘, que se acaba de inaugurar en la sede central del museo y permanecerá en cartel hasta principios de septiembre. La muestra evoca la preeminencia del cuerpo humano en el arte primitivo y en las esculturas grecorromanas y guía al espectador por una senda que primero exploraron artistas parisinos sin lustre y que poco a poco recorrieron grandes nombres como George Brassaï o Diane Arbus. La exposición se abre con una imagen del legendario fotógrafo francés Félix Nadar (1820-1910) que muestra a una mujer desnuda escondiendo el rostro con el codo. Lo de menos es la identidad de la modelo: una actriz cuya promiscuidad inspiró el personaje de Musetta en ‘La Bohème’. Lo importante es la precocidad de la fotografía y la firma de un artista que unos años después ganaría prestigio como dibujante y como retratista de la burguesía de París. Al principio los desnudos florecieron al calor de la voluntad de los pintores, que descubrieron un modo de ahorrar congelando el posado de sus modelos. Así fue como prosperaron fotógrafos como Julien Vallon (1795-1866), que se ganó la vida vendiendo una serie de desnudos que artistas como Gustave Courbet utilizaron para sus cuadros. Eran desnudos casi siempre femeninos. Pero en ocasiones los artistas capturaban también el cuerpo de modelos masculinos como demuestra una imagen de Charles-Alphonse Marlé (1821-1867) que enseña un hombre barbudo evocando quizá los placeres del Edén. El auge del desnudo en la fotografía no es un fenómeno fortuito. Ocurre en el París donde están pintando Ingres y Delacroix y donde florecen los burdeles y el entretenimiento para adultos. Los artistas solían cubrir sus obras con una pátina de respetabilidad pero no siempre lo lograban. A Félix Moulin (1800-1875) lo encerraron un mes en la cárcel por una imagen demasiado obscena. Más afortunado fue Nadar, al que un hospital parisino le permitió fotografiar nueve veces a un hermafrodita cuyos genitales se pueden contemplar en el Metropolitan. Las primeras imágenes pertenecen a una cierta edad de la inocencia. Pero a finales del siglo XIX los fotógrafos aspiran a exprimir el desnudo más allá de su propia realidad. Es el caso del paisajista Gustave le Gray (1820-1884), que plasma a una mujer en un sofá de terciopelo. Las piernas recuerdan a un Cristo yacente y el pelo evoca a la Medusa de la mitología griega. Es un posado elaborado en el que se adivina el germen de la vanguardia y de la pornografía. El desnudo fotográfico se vuelve una excusa para el surrealismo en la cámara de Man Ray y un instrumento de análisis en la de Brassaï, que retrata la vida de los burdeles parisinos. La exposición incluye las imágenes que el británico George Washington Wilson tomó de las tribus zulúes y las de Alphonse Bertillon, un policía parisino que fotografiaba los cuerpos de las mujeres degolladas en la ciudad del Sena. Al igual que otras ramas del arte, el desnudo fotográfico también estuvo presente en obras experimentales como las de Bill Brandt o Hans Bellmer-Doll, cuyas imágenes remiten a los horrores de la Alemania Nazi. La revolución sexual abrió un terreno virgen en el que hubo sitio para propuestas como la de Irvine Penn (1917-2009), que se ganaba la vida haciendo retratos de modelos para para ‘Vogue’ y fotografiaba luego mujeres rotundas cuyas carnes recuerdan a las de las diosas primitivas de la fertilidad. La exposición incluye también desnudos más recientes. Los más llamativos son un retrato hogareño de dos jubilados nudistas de Diane Arbus (1923-1971) y una imagen de Robert Mapplethorpe donde se muestra a la cantante Patti Smith en cuclillas y sosteniendo los tubos de un radiador. Fuente: elmundo.es Filed under: Arte, Fotografía, Historia Sun, 15 Apr 2012 17:36:17 +0000 Desnud Arte: El cuerpo desnudo como espectáculo El desnudo desde la antigüedad hasta nuestros tiempos ha tenido gran importancia artística. A través de la historia, pueden destacarse aspectos relevantes de apogeo y decadencia de acuerdo a las etapas y evolución en que ha tocado desarrollarse en las diferentes manifestaciones artísticas, pero sobre todo en el mundo escénico o como espectáculo. En la actualidad aún no son muchos los espectáculos teatrales, musicales, etc. que se animan o apuestan por el desnudo y los espectadores aún no están del todo acostumbrados a ellos, aunque la tendencia de representación de espectáculos en donde el desnudo forma pare de los mismos es creciente. Esta colección de fotografías que estará en la red por un tiempo limitado, muestra a través de Desnud Arte algunos de los espectáculos (conciertos musicales, teatro, performers, concursos de belleza, e incluso óperas) en los que el cuerpo desnudo ha formado parte del espectáculo. Otras entradas en este blog relacionadas con el tema, donde el cuerpo desnudo forma parte del espectáculo: El desnudo se cuela cada vez más en la danza Desnudo y sexo explícito en el teatro Exposición Sculpture Human en Madrid Vuelve la exitosa comedia nudista Al natural! MozartNu (1986-2008) – La belleza humana y musical Una comedia teatral completamente… AL NATURAL! Filed under: Arte, Curiosidades, Fotografía Sat, 14 Apr 2012 17:05:21 +0000 Vacaciones nudistas, los mejores hoteles especializados en el ranking de hoteles nudistas de listas.20minutos.es… Filed under: Lugares, Turismo Sun, 08 Apr 2012 23:34:17 +0000 |
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